Préstamos y Créditos

¿Qué es un aval y cuándo te lo piden para un crédito en México?

Qué es un aval y cuándo te lo piden para un crédito en México
17 min de lectura11 de agosto de 20260 comentarios

Vas a solicitar un crédito —quizás para un coche, para rentar un departamento o para arrancar un negocio— y en algún punto del trámite aparece la pregunta: “¿tienes quién te avale?”. Si nunca has pasado por esto, la palabra suena a trámite burocrático más, pero en realidad es una de las condiciones que más rechazos y más dolores de cabeza genera en México, sobre todo porque casi nadie te explica con claridad qué está firmando esa persona ni qué tan comprometido queda su patrimonio.

En este artículo vamos a aclarar, sin tecnicismos innecesarios, qué es exactamente un aval, en qué se diferencia de otras figuras con las que se confunde todo el tiempo (como el obligado solidario o el fiador), en qué tipos de crédito te lo van a pedir en México y qué pasa —de verdad— si la persona que te avaló firmó sin leer bien las consecuencias.

¿Qué es un aval, en términos simples?

Un aval es la persona que respalda tu crédito con su firma y, en algunos casos, con sus propios bienes, comprometiéndose a pagar si tú no lo haces. No presta el dinero, no forma parte del uso que le des al crédito y muchas veces ni siquiera se entera de cuánto debes en un momento dado. Su papel es puramente de garantía: le da a la institución financiera una segunda vía de cobro por si la primera —tú— falla.

La figura viene originalmente del derecho mercantil, donde el aval se usa en documentos como pagarés y letras de cambio: alguien “avala” el pago firmando el título de crédito. En la práctica cotidiana de bancos, financieras, arrendadoras y hasta algunos arrendadores de vivienda, la palabra “aval” se usa de forma más amplia para referirse a cualquier persona que garantiza que la deuda se va a pagar, aunque técnicamente en varios contratos se le llame “obligado solidario” o “fiador”. Esta mezcla de términos es justo lo que genera la mayor confusión, así que vale la pena detenerse ahí antes de seguir.

Aval, fiador, obligado solidario y codeudor: por qué no son lo mismo

Aunque en el día a día se usan casi como sinónimos, cada una de estas figuras tiene un nivel distinto de responsabilidad legal. Y esa diferencia importa mucho, porque determina qué tan fácil o difícil es que a la persona que te ayudó le embarguen algo, le llamen los de cobranza o aparezca reportada en Buró de Crédito.

Figura ¿Qué garantiza? ¿Puede exigirle pago directo el acreedor? ¿Dónde se usa más en México?
Aval Firma un título de crédito (pagaré) comprometiéndose a pagar si el deudor no lo hace Sí, de forma directa, sin necesidad de perseguir primero al deudor Créditos personales, préstamos entre particulares, algunos créditos de nómina
Obligado solidario Se compromete al pago total de la deuda, como si él mismo la hubiera contraído Sí, el acreedor puede cobrarle a cualquiera de los dos sin orden específico Créditos bancarios, automotrices, algunas tarjetas de crédito
Fiador Garantiza el pago, pero con “beneficio de excusión”: primero deben agotar el patrimonio del deudor En teoría no, salvo que renuncie a ese beneficio (algo que casi todos los contratos ya incluyen) Contratos de renta, arrendamiento de vivienda o local
Codeudor Firma el crédito junto contigo desde el inicio, como si lo pidieran los dos Sí, ambos son responsables desde el primer día, no solo si tú fallas Créditos hipotecarios, créditos con ingresos combinados

En la práctica, la mayoría de los contratos en México redactan al aval con las mismas obligaciones que un obligado solidario, incluyendo una cláusula donde esa persona renuncia expresamente a cualquier beneficio de orden o excusión.

Traducido: aunque en teoría el fiador tendría que esperar a que primero le cobren al deudor, casi ningún contrato deja esa protección intacta. Por eso, antes de que alguien firme como tu aval, vale la pena leer juntos esa parte del contrato, no solo confiar en el nombre que le pusieron a la cláusula.

¿Quién puede ser tu aval? Requisitos que suelen pedir

No cualquier persona sirve como aval, y esto sorprende a mucha gente que pensó que bastaba con que un familiar firmara. Las instituciones financieras buscan que el aval realmente pueda responder por la deuda si algo sale mal, así que evalúan su solvencia casi con el mismo rigor que la tuya. Los requisitos varían según la institución, pero estos son los más comunes:

  • Ser mayor de edad y, en la mayoría de los casos, tener entre 25 y 65 años aproximadamente.
  • Contar con ingresos comprobables, generalmente iguales o superiores a los del titular del crédito.
  • Tener un buen historial crediticio, sin atrasos graves ni reportes negativos recientes en Buró de Crédito.
  • Ser propietario de un bien (casa, terreno, en algunos casos un vehículo) en créditos de mayor monto, especialmente hipotecarios o de negocio.
  • Vivir en la misma ciudad o estado que el titular, o al menos dentro del territorio nacional, para facilitar cualquier trámite legal si llega a ser necesario.
  • No estar avalando otro crédito activo al mismo tiempo, ya que eso reduce su capacidad de pago disponible.

Vale la pena mencionar algo que casi nunca se explica con claridad: el aval también pasa por una revisión de su historial en Buró de Crédito, igual que tú. Si su reporte tiene atrasos o cuentas en cobranza, es muy probable que la financiera lo rechace como garantía, así que conviene confirmarlo antes de pedirle a alguien que se comprometa a algo que después no va a servir.

¿En qué créditos te piden aval en México?

No todos los créditos requieren aval. De hecho, la tendencia en los últimos años —sobre todo con la llegada de las fintechs— ha sido reducir esta exigencia para créditos personales pequeños. Pero sigue siendo un requisito común en varios productos financieros, especialmente los que involucran montos altos o plazos largos.

Tipo de crédito ¿Suele pedir aval? Por qué
Créditos personales bancarios (montos altos) A veces, si el ingreso o historial no cumplen el mínimo El banco busca reducir el riesgo cuando el perfil no es sólido por sí solo
Créditos hipotecarios Ocasionalmente, sobre todo si es el primer crédito o el ingreso es limitado El monto y el plazo (hasta 20 años) elevan mucho el riesgo del banco
Créditos automotrices Sí, con frecuencia, si no hay historial crediticio previo El vehículo es garantía, pero el banco quiere una segunda vía de cobro
Créditos para negocio o pyme Casi siempre Los negocios nuevos no tienen historial propio que evaluar
Renta de vivienda o local Sí, es prácticamente estándar El arrendador quiere garantía de que la renta se va a pagar
Préstamos personales de fintechs (como Alvos) No, generalmente El modelo se basa en evaluación digital de riesgo, no en garantías personales
Microcréditos y préstamos de nómina No, en la mayoría de los casos Montos bajos y plazos cortos hacen que el riesgo sea más manejable sin aval

El patrón general es bastante claro si lo piensas desde la lógica del prestamista: entre más dinero presta y más tiempo tarda en recuperarlo, más quiere asegurarse de tener a alguien más a quién cobrarle. Por eso un crédito hipotecario a 15 años pide más garantías que un préstamo de nómina a pagar en tres quincenas.

Qué documentos le van a pedir a tu aval

Si ya identificaste a la persona que va a avalarte, es buena idea que tengan lista esta documentación desde antes, para no alargar el trámite. Aunque cada institución pide su propio expediente, casi todas coinciden en lo siguiente:

  • Identificación oficial vigente (INE o pasaporte).
  • Comprobante de domicilio reciente, no mayor a tres meses.
  • Comprobantes de ingresos: recibos de nómina, estados de cuenta o declaración fiscal si es persona física con actividad empresarial.
  • CURP y, en algunos casos, RFC.
  • Si va a garantizar con un bien inmueble: escritura de la propiedad libre de gravamen.
  • Autorización por escrito para que la institución consulte su historial en Buró de Crédito.

Este último punto es importante recordarlo: al firmar como aval, esa persona está autorizando que su historial crediticio quede vinculado, de alguna forma, al comportamiento de tu crédito. Aunque no siempre aparece reflejado igual que si fuera el titular, sí puede verse afectado en caso de incumplimiento, algo que profundizamos en el siguiente apartado.

Qué implica realmente firmar como aval (lo que pocos explican)

Aquí está la parte que suele quedar en letra pequeña y que genera más conflictos familiares de los que uno esperaría. Firmar como aval no es un trámite simbólico ni un favor sin consecuencias reales. Es, legalmente, comprometer tu propio patrimonio y tu propio historial crediticio a cambio de nada más que la confianza que le tienes al titular del crédito.

Algunas cosas que conviene tener muy claras antes de aceptar (o de pedirle a alguien) ser aval:

  • La responsabilidad puede ser total, no proporcional. En la mayoría de los contratos, el aval no responde “una parte” de la deuda: responde por el saldo completo que quede pendiente, incluyendo intereses moratorios y gastos de cobranza.
  • No hace falta que primero embarguen al deudor. Como vimos en la tabla anterior, casi todos los contratos eliminan ese “orden de prelación”, así que el banco puede ir directo contra el aval sin agotar antes las opciones con el titular.
  • Puede afectar su propia capacidad de crédito. Aunque el aval no use el dinero, muchas instituciones consideran ese compromiso como una obligación contingente al momento de evaluar si esa persona califica para un crédito propio en el futuro. En otras palabras, avalar a alguien puede reducir tu capacidad de endeudamiento aunque no debas nada todavía.
  • El compromiso dura mientras dure el crédito. No es un favor puntual: si avalas un crédito hipotecario a 15 años, en principio ese compromiso sigue vigente los 15 años, salvo que se gestione una liberación (más adelante te explicamos cómo).
  • Puede terminar en Buró de Crédito. Si el titular deja de pagar y la institución no logra cobrarle, es común que el reporte negativo también impacte el historial del aval, no solo el del deudor original.

Ninguno de estos puntos significa que avalar a alguien sea siempre mala idea —muchas familias lo hacen y todo sale bien porque el titular paga puntualmente— pero sí conviene tomar la decisión con la misma seriedad que si fueras tú quien pide el crédito, no como un simple trámite de firma.

Qué implica realmente firmar como aval

¿Qué pasa si el titular del crédito no paga?

Cuando alguien deja de pagar un crédito con aval, el proceso normalmente sigue esta secuencia, aunque los tiempos varían según cada institución:

  • Primeros días de atraso: llamadas y mensajes de cobranza dirigidos al titular del crédito, recordando la fecha de pago vencida.
  • Después de 30-60 días: la institución suele reportar el atraso a Buró de Crédito, y en muchos contratos empieza a contactar también al aval o al obligado solidario.
  • Atraso prolongado (90 días o más): la deuda puede pasar a una etapa de cobranza extrajudicial más intensa, y es en este punto donde el aval empieza a recibir requerimientos formales de pago.
  • Si no hay acuerdo de pago: la institución puede iniciar un proceso legal, ya sea contra el titular, contra el aval, o contra ambos, dependiendo de contra quién sea más viable cobrar (por ejemplo, si el aval tiene un bien inmueble a su nombre y el titular no tiene nada embargable).

Es importante aclarar algo que genera mucha ansiedad innecesaria: que a alguien lo llamen para cobrarle no significa automáticamente que va a perder su casa o que le van a embargar todo de un día para otro.

Existen procesos legales, tiempos y, en la mayoría de los casos, oportunidades de negociar un plan de pago antes de que la situación escale a instancias judiciales. Si estás del lado del aval y empiezas a recibir este tipo de llamadas, conviene informarte sobre qué pasa realmente cuando un crédito se atrasa y, si algo no te parece correcto en la forma de cobranza, sabes que puedes acudir a la CONDUSEF para presentar una queja.

¿Se puede liberar a un aval antes de que termine el crédito?

Sí, aunque no es automático ni depende solo de que el titular lo pida. En general, hay tres caminos posibles:

  • Liquidar el crédito por completo, que es la forma más directa: en cuanto la deuda se paga en su totalidad, la obligación del aval desaparece con ella.
  • Sustituir la garantía, es decir, que el titular consiga otro aval o presente una garantía alternativa (como un seguro de crédito) que la institución acepte a cambio de liberar al primero.
  • Refinanciar o reestructurar el crédito, negociando directamente con el banco o financiera nuevas condiciones donde ya no se requiera esa figura, algo que suele depender de que el titular haya mejorado su perfil crediticio desde que se firmó el contrato original.

Lo que casi nunca funciona es simplemente “avisar” que ya no se quiere ser aval: mientras el contrato original siga vigente y no se sustituya formalmente esa garantía, la obligación legal permanece, aunque haya buena voluntad de todas las partes.

Créditos que no piden aval: alternativas si no consigues uno

Si llegaste hasta aquí buscando un crédito y el problema es justamente que no cuentas con alguien que pueda avalarte —o que prefieres no comprometer a nadie más en tu situación financiera—, la buena noticia es que el mercado mexicano ha cambiado bastante en este sentido. Las fintechs, en particular, evalúan tu solicitud con modelos digitales que analizan tu comportamiento financiero, tus ingresos y otros datos alternativos, en lugar de depender de una garantía personal. Si quieres revisar directamente esta alternativa, en Alvos puedes conocer las opciones de préstamos sin aval disponibles y comparar montos y condiciones sin necesidad de involucrar a nadie más en tu solicitud.

Esto no significa que sean créditos “sin requisitos”: lo que cambia es el tipo de evaluación. En vez de pedirte un aval con propiedad e ingresos comprobables, revisan variables como tu constancia de pago en créditos anteriores, tu actividad bancaria o incluso, en algunos casos, tu historial en plataformas como Círculo de Crédito. Si quieres entender mejor cómo funciona esta lógica y qué tanto se parece —o no— a un crédito “sin buró” en el sentido estricto, este artículo sobre qué significa realmente un préstamo sin buró aclara varios mitos comunes.

Este tipo de préstamos suele tener montos iniciales más moderados que un crédito bancario con aval, pero con la ventaja de que el monto disponible crece con cada crédito que pagas puntualmente, así que no dependes de un tercero desde el primer momento. Si además tienes un historial complicado, existen opciones diseñadas específicamente para eso, como los préstamos para personas con mal historial crediticio.

Antes de comparar opciones, también ayuda entender por qué a veces una solicitud se rechaza incluso sin pedir aval de por medio: este artículo sobre los motivos más comunes de rechazo puede ahorrarte una segunda solicitud fallida.

Preguntas frecuentes sobre el aval

¿Un aval necesita tener el mismo ingreso que el titular del crédito?

No siempre tiene que ser exactamente igual, pero la mayoría de las instituciones esperan que sea similar o superior, porque en la práctica están evaluando si esa persona podría cubrir la deuda completa si fuera necesario.

¿El aval aparece en mi Buró de Crédito aunque yo pague a tiempo?

Generalmente el crédito se refleja en el reporte del titular. El del aval solo suele verse afectado si hay incumplimiento y la institución reporta la obligación contingente o el impago, dependiendo de sus políticas internas.

¿Puedo ser aval de más de una persona al mismo tiempo?

Legalmente sí, no hay un límite fijo, pero en la práctica las instituciones evalúan tu capacidad de pago total, así que entre más compromisos tengas como aval, más difícil será que te acepten para uno nuevo o que califiques para un crédito propio.

¿Qué diferencia hay entre aval y garantía hipotecaria?

El aval es una persona que responde con su patrimonio en general; la garantía hipotecaria es un bien específico (normalmente un inmueble) que queda directamente vinculado al crédito, independientemente de quién lo posea. Pueden coexistir en un mismo contrato.

¿Es lo mismo un aval que un referencia personal?

No. Una referencia personal solo confirma tu identidad o tu comportamiento, pero no adquiere ninguna obligación de pago. El aval sí queda legalmente comprometido con la deuda.

¿Los préstamos de Alvos piden aval?

No, los préstamos personales en línea como los de Alvos se evalúan con base en tu perfil digital y tu comportamiento de pago, no mediante un aval o garantía personal, lo que agiliza bastante el proceso de solicitud. Puedes conocer más detalles en la sección de préstamos sin aval de Alvos.

En resumen

Un aval no es un simple requisito de papeleo: es una persona que pone su propio patrimonio y su historial crediticio como respaldo de tu deuda, con obligaciones legales que en la mayoría de los contratos son iguales o casi iguales a las de un obligado solidario.

Antes de pedirle a alguien que firme por ti —o antes de aceptar avalar a alguien más—, vale la pena leer el contrato completo, entender qué tan comprometido queda ese patrimonio y considerar si existen alternativas, como los créditos digitales que no requieren esta figura, que puedan resolver tu necesidad sin involucrar a un tercero.

Al final, la decisión más responsable no es la más rápida, sino la que ambas partes entienden por completo antes de firmar.

Logo de la empresa

Alvos Editorial Team (Redacción Alvos)

Nuestro equipo editorial se dedica a crear contenido educativo y financiero para ayudarte a tomar mejores decisiones.

Comparte este artículo

Deja un comentario

Contáctanos

Te ayudaremos a resolver tus dudas, solo ponte en contacto con alguno de nuestros medios disponibles.

ProfecoCírculo de crédito
Dirección

Av. Insurgentes Sur 1180 Int 603, Col. Tlacoquemecatl del Valle, CDMX, Benito Juárez, 03200, México.

Descarga la aplicación móvil

Disponible en Google Play